Iconografía Gallega

En sus lienzos existe un diálogo en el que el artista se deja sorprender, al mismo tiempo que tiene en cuenta la realización de lo que imaginó. Su trabajo es un registro filtrado a través del recuerdo y del sentimiento, donde el paisaje tiene una presencia remota, lejana y variable, y un paso entre el primer plano y el fondo, pero nunca el protagonista absoluto. Sus cuadros absoven la luz de la tierra y el cielo, la sensación del aire, el enigma de la naturaleza, la energía y el movimiento de todo lo que está vivo, pero todo esto el pintor lo representa distorsionado y construído con imagenes que sin ser reales pueden existir en algún lugar (“Perfecto Feijoo o gaitero”, “As leiteiras tolas” y “A Vendimia”) El sol que aparece en algunas de sus composiciomes (“Co pao de tres dentes contra o sol”, “Gótico galego” y “O pescador”) nos sugieren un símbolo de la omnipotencia de naturaleza y un halo sobrenatural lo que convierte en algo cercano y natural y libera de connotaciones extraordinarias o míticas.

Este sol acompaña o da vigor a seres deformes, seres que el artista eleva a una categoría tan alta y trascendente, casi como la del astro rey. Pereira en su obra busca la placidez de un tiempo tranquilo y perdido pero nunca olvidado. Con sus formas transporta visualmente delande de nosotros un idealizado mundo agrario gallego, en este momento menospreciado pero que al artista no le importa convertir en su Ítaca particular. En sus telas se pacta rápidamente la existencia de un algo indefinible con un significado que va descubriendo según se penetra en el misterio de las imagenes. En la mayoría de los lienzos encontramos figuras estáticas y petrificadas, aspecto eterno que consigue gracias a las composiciones simétricas de estructuración equilibrada o de volúmenes en los que predomina la línea curva (“As lerchas” y “A raiña das fouces”) Realiza así mismo una mesurada conjunción de colores en en las que prevalecen los tonos fríos y terrosos, que algunas veces un toque rojo vivifica o el amarillo de sus soles impregna de fuerza y alegría. Al espectador le resulta fácil ocupar un lugar junto los labradores que parecen traspasados y embargados por el misterio de la naturaleza que los rodea. A través de. ellos rechaza la jerarquía. del mundo hecho por el hombre de la sociedad de la información que estamos comenzando ahora a disfrutrar y a padecer al mismo tiempo. Contempla los labradores con una intensidad casi hipnótica y un amor apasionado, porque en esas figuras silenciosas el pintor intenta convertir la forma en símbolo y lo efímero en eterno. Los hombres y mujeres que pueblan su obra parecen seres depositarios de misterios insondables a primera vista. Estas figuras ciegas, pero de cuencas abiertas como ventanas de espíritu, que procuran entablar un diálogo absorvente, acaparador y unívoco que puede llegar a sugerír temas sobre leyendas y tradiciones galáicas, taly como se propone el artista. La energía que estos seres desprenden obliga al espectador a realizar un esfuerzo comunicativo que lo acerva o pone en contacto con este mundo escondido de lo que tanto dan la impresión de saber. Los agricultores aparecen, solemnes, inmóviles, parece que desean expresar su respeto cara a los poderes invisibles y telúricos que proviene de la naturaleza que los orilla y conforma, con los que ponen en relacion a quién los mira. El pintor procura expresar la íntima y sosegada vinculación del ser humano con el universo y establecer la originaria e intemporal unidad entre el hombre y el medio. Los labradores son criaturas de anatomías exiguas que surjen de un mundo limpio e ingenuo y poseedora de una vital inocencia.

A través de su obra Pereira propone hacernos ver la estrecha vinculación entre el hombre gallego y la tierra. Para tal fin emplea un lenguaje directo y apasionado en el que las vivencias mas íntimas encuentran su exteriorización por medio de formas circulars, líneas cerradas y marcada pero nunca gruesas que dejan a un lado cuerpos deformemente estilizados. Las mujeres a pesar de la cierta tipificación no resultan distantes. Pueden mismo mostrar la alegría de vivir o la exuberancia de la madre naturaleza. Que el autor resalte algunas partes de la anatomía femenina que más se relacionan con la fecundidad y lo sexual puede indicar que considera al ser humano y a la creación una fuente de placer, belleza y continuidad. El pintor es capaz de transformar los más humildes aldeanos en símbolos con gran fuerza espiritual sensual (“A pedichona”). Los eleva a iconos que traslucen la vivencia de experiencias vitales muy próximas a las fuerzas que rigen los comportamientos sometidos a las leyes del cosmos.Bajo la expresión plástica de Pereira subyace cierto romanticismo e ideas próximas al costumbrismo que se ven fuertemente tamizadas por el estudio y conocimiento de autores con lenguajes propios del siglo XX. Se puede decir que su obra sólo se acerca al costumbrismo europeo y el llamado “gótico americano”, sobre todo a Gran Wood, autor que tanto admira, en el aspecto conceptual, porque en el aspecto formal le fue imposible substraerse a las influencias de las corrientes contemporáneas. Su autodidactismo no implica desconocimiento o mismo admiración por artistas pertenecientes a la Escuela de Londres, como Francis Bacon, y en el panorama gallego, por creadores como Laxeiro. Tampoco la ansia por representar una Galicia idílica y hermosa lo lleva a caer en efectismos edulcorados. Si pintura reúne todos los sueños y esperanzas de las gentes que como él creen que aun se puede conservar lo mejor de nuestra cultura tradicional en un mundo que camina cara a una globalización delante de la que nuestra tierra no puede levantar murallas, pero si tratar de conservar sus peculiaridades definitorias.

 

Texto:
JOSEFINA CERVIÑO LAGO
Encliclopedia Galega Anexo 2000

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